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Genios y la Genialidad

El secreto del genio es llevar el espíritu del niño hasta la vejez, lo que significa nunca perder el entusiasmo. Aldous Huxley
17 Mar 2016

Una plumita inmaculada, que siempre sabe regresar a casa

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foto marzo 17 una pluma blanca(parte 2 de 2)

Curso de Salud Integral

Por Dra. Mayda Ochoa© Todos los derechos reservados.

Marzo 17

¡Saludos Seres Maravillosos, Trabajadores de la Luz, Hijos de la Abundancia y del Amor!

             Ayer vimos que no eres lo que haces, ni lo que dices, ni lo que piensas y tampoco lo que sientes. Vimos que todo ello conforma tu experiencia en esta vida física. También vimos la primera de las razones por las cuales no eres dichosa y quizás no tienes todo lo que necesitas es: porque eres perfect@ pero tú no puedes creerlo. Hoy vamos a ver la segunda y tercera razón:

Aquí está la segunda razón:

¿Sabes regresar a casa?

            Hay un espacio en tu pecho que sólo puede estar ocupado por ti mism@. Esa es tu casa, la residencia de tu alma. Dije “en tu pecho,” porque yo siento el mío en el centro de mi pecho, pero en realidad puede estar en cualquier otra parte, en tus entrañas, en tu vientre, en tu frente, encima de tu cabeza o en el firmamento. No importa donde esté, lo que importa es que es tu hogar, un espacio tuyo, PERSONAL E INTRANSFERIBLE. Es un lugar en el que NADIE más puede entrar. No un hij@, no tu compañer@; ni la persona, ni la mascota que más quieras en el mundo.

Hablo de un espacio donde toda tu perfección es real, comprensible y aceptable. Allí aceptas (sin falsa vergüenza) que eres perfect@, porque es donde reside tu alma. Allí nadie te juzga, ni te critica, ni duda de ti. Allí no hay nada que aprender, porque todo se sabe. Nada que demostrar, porque todo está demostrado. No hay nada que hacer, porque todo está hecho. No hay nada que conseguir, porque todo lo tienes. No hay que esforzarse. No hay que “tratar”. En el hogar de tu alma, sólo tienes que SER. Ser es el único requisito que existe en el hogar de tu alma.

Allí sabes que no eres lo que tu mente piensa, ni lo que puedes “sentir” en un momento determinado. Si no conoces ese lugar ¡apúrate a re-conocerlo! Aprendes a re-conocerlo cerrando los ojos y quedándote muy, muy tranquil@, como si estuvieras muert@. Nada se mueve en ese estado, ni un pelo, ni un músculo de tu cuerpo, ni un pensamiento. Sabes que puedes moverte, pero decides no hacerlo. Y en esa total y absoluta quietud estarás más viva que siempre.

En el lugar donde reside mi alma yo soy una plumita blanca, inmaculada, que descansa tranquila y totalmente en paz. Y no importa que esa plumita haya sido batida y abatida en la intemperie, en las muchas tormentas de la vida. Cuando entro en la casa de mi alma y me poso lenta y suavemente allí dentro… sé que estoy a salvo, serena, dichosa y agradecida.

Aquí está la tercera razón:

¿De qué te sirve saber eso?

            Te sirve porque cuando sabes que no eres tus guerras, puedes realmente descansar en la residencia de tu alma. Cada día tu mente piensa millones de pensamientos. De todos esos pensamientos ¿cuáles son reales? Muy pocos. La mayoría son repeticiones de cosas que te dijeron, que imaginaste, que te ofendieron, que te alagaron, o que te agredieron. Pero NO son reales. Son tus guerras imaginarias.

Pongamos un ejemplo: tu niña llegó llorando de la escuela. Y cuando la presionaste para que confesara, te dijo que un amiguito se había burlado de ella. Tú enfureces. Decides que tienes que hablar con los maestros, los padres del otro niño, averiguar qué pasó… ¡darle una lección a alguien…! y desgastas tu día entero creando ficciones y batallas mentales.

POR SUERTE… Por suerte… por suerte

            Por suerte, la mayoría de tus batallas mentales quedan en la mente (claro que después te enferman… pero esa es otra historia.) Eso mismo pasa con muchas experiencias que vives, en el trabajo, entre amigos, vecinos, conocidos, o en Facebook: tu cerebro crea un mundo irreal en el que todo el tiempo estás batallando, luchando, defendiendo, amenazando, tratando… violentando tu sagrada y dulce alma, que sólo ansia amor y paz.

Así que sólo porque algo te viene a la mente, o algo te impulsa a un sentimiento, no quiere decir que sea cierto, ni que eres ese sentimiento, ni ese pensamiento, ni esa palabra. Eres mucho más que todo eso. Eres un alma dulce, tranquila y dichosa. (¿Te fijaste que aquí no tuve que usar “@”? Y eso es porque las almas tampoco tienen el problema de género, ni de sexo. Son unisex, como los ángeles.)

La mayor parte de las veces actuamos, pensamos y sentimos basados en lo que el ego nos hace creer. El ego es un apéndice muy amargo. En sus ojos trasnochados todo es peligro, sospecha y nada es amable.

Cuando creemos equivocadamente que somos nuestros pensamientos, palabras y sentimientos, nos confundimos y complicamos una vida que fue creada muy simplemente, y con un solo material incorruptible: amor.

Esos pensamientos caóticos y confusos crean emociones descabelladas, y nos creemos que somos esas emociones, cuando en realidad en el fondo somos una sola emoción: amor.

El amor es la única emoción que se puede volver una plumita blanca, segura, tierna, dichosa, que siempre sabrá como regresar a la residencia de su alma.

Yo soy esa plumita blanca, inmaculada, tierna y dichosa, cuando entro a la residencia de mi alma. Esta es la tarea que quiero ponerte:

¿Qué eres tú cuando entras en la residencia de tu alma?

            Por favor, no pases de largo sin contestarme. Este puede ser uno de los ejercicios más importantes que hayas aprendido en tu vida, porque tienes que aprender a descansar. Dedícale todo el tiempo que necesites para encontrar ese sentimiento de total paz y tranquilidad.

Cierra tus ojos, si puedes medita un poquito. Respira suavemente. Y piensa en esto: ¿cómo te sentirías si estuvieras en total tranquilidad y paz, sin nada que hacer y sin nada que resolver? ¿Como una suave ola? ¿Como una pluma, como yo? ¿Como un montoncito de tierra, o de arena? ¿Como una hoja de papel en blanco? ¿Una hoja de árbol? ¿Un pétalo de rosa? ¿Una nota musical? ¿Como un ave planeando en el cielo?

Lo que sea, tiene que tener sentido para ti, tienes que sentirlo y poder convertirte en eso. No importa que otros no comprendan tu imagen, si tiene sentido para ti, es tuya.

No tienes que decirme en qué te convertirás, pero si me lo dices podrías ayudar a otros a encontrar la residencia de su alma.

Te amo. Un abrazo grande y redondo como el sol.

Si tienes alguna opinión o duda sobre esto, me encantaría conocerla. Cuéntamelo en Trabjadores de la Luz: https://www.facebook.com/Trabajadores-de-la-Luz-467544550114106/

 

 

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