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Genios y la Genialidad

El secreto del genio es llevar el espíritu del niño hasta la vejez, lo que significa nunca perder el entusiasmo. Aldous Huxley
27 May 2018

El Pecado y la Culpa: Causa Primordial de la Tristeza

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Por Dra. Mayda Ochoa©

¡Saludos Ser Divino! ¿Por qué estás triste? ¿Quién creó la tristeza? ¿Cómo sanar? La tristeza, o la enfermedad, es parte de este mundo ilusorio en el que vivimos. El cuerpo físico es lo único que hace que el mundo nos parezca real. Pero los ojos del cuerpo sólo ven interpretaciones de la Realidad Absoluta. Hay otras muchas realidades detrás de lo físico que sólo pueden verse con los ojos del espíritu.

El sentimiento de culpa de haber sido expulsado del paraíso “por haber cometido el pecado original” son la causa del miedo y del sufrimiento primario de la humanidad. Ese miedo produce la tristeza y la mayoría de las enfermedades. Un Curso en Milagros dice que: “Todo lo que Dios creó, está por siempre libre de pecado y, por ende, por siempre libre de culpabilidad.”

¿Qué buscaban los que nos inculcaron la culpa del pecado original? Querían controlarnos: Un alma en sufrimiento siempre necesitará quien lo redima. No podemos sanar esa percepción falsa con el conocimiento mundano donde el entendimiento está tan enfermo como la misma mentira. Los ojos físicos ven el mundo como un muro duro e infranqueable. Pero la percepción absoluta, que viene del Absoluto, sabe que ese muro es sólo un delicado velo traslúcido, muy  fácil de descorrer. Donde no existe pecado no es necesario el castigo. Entonces la tristeza y la enfermedad se hace innecesaria.

El mundo de pecadores no existe más que en nuestra mente. Y cuando la percepción absoluta arrasa con todo rastro de culpabilidad nada queda que pueda seguir haciéndote sufrir.

La Verdad Absoluta disuelve el mundo de afuera, y lo instala dentro de ti, donde realmente tiene que estar. Y cuando nada haya afuera, la culpa en un instante se reencuentra dentro de tu mente con el perdón, por primera vez uno frente al otro, listos para descorrer el velo y disolverse en el amor que transpira la Verdad. El perdón y la culpa, abrazados, de una vez y por todas, se disuelven el uno dentro del otro. El miedo se transforma. El amor se consuma.

Y ese conocimiento, ahora sí verdadero, inmutable, puro, es absolutamente comprensible. El espíritu ha tomado de nuevo las riendas. La percepción falsa desaparece… pero también la verdadera, porque ya no hacen falta percepciones. No hace falta el perdón porque no hay nada que perdonar. El pecado, el miedo y la culpa se han disuelto, y ya no tienen propósito ni causa. Sólo queda la dicha en el UNO que somos.

(Cortesía del libro “Tú Puedes Sanar. La Ciencia, la Fe y la Magia de tu Curación.”)

 

 

 

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