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Genios y la Genialidad

El secreto del genio es llevar el espíritu del niño hasta la vejez, lo que significa nunca perder el entusiasmo. Aldous Huxley
19 Feb 2017

El Verdadero Pecado No Lo Cometiste Tú

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foto feb 19El verdadero pecado no lo cometiste tú, sino quienes te hicieron creer que eres culpable

Por Dra. Mayda Ochoa© Todos los derechos reservados.

¡Saludos Seres Maravillosos, Trabajadores de la Luz, Hijos de la Abundancia y del Amor!

El Pecado, la Culpa y el Miedo

         El verdadero pecado no lo cometiste tú, sino quienes mancharon tu inocencia haciéndote creer que eres culpable. El miedo de haber sido expulsado del paraíso “por haber cometido el pecado original” y su resultante sentimiento de culpa, son una de las principales causas del sufrimiento primario de la humanidad y de la mayoría de las enfermedades.

Un Curso en Milagros (UCEM) dice: “Todo lo que Dios creó, por otra parte, está por siempre libre de pecado y, por ende, por siempre libre de culpabilidad.”

Si todo lo que Dios creó es libre de pecado y culpabilidad… ¿Qué buscaban las religiones que te inculcaron el complejo de culpa del pecado original? Buscaban controlarte. Un alma en sufrimiento por su complejo de culpa y enferma como castigo… ¡siempre necesitará de alguien que lo maneje!

Esa es una percepción errónea que has cargado contigo a través de toda tu vida. Pero ¿cómo puedes sanar esa falsa percepción? No con el conocimiento mundano donde el entendimiento procede de fuentes tan enfermas como la misma falsa percepción. En resumen: NO con la mentalidad con la que has vivido hasta ahora.

Según UCEM, La única corrección posible es la percepción verdadera. Un cambio de visión de la vida.

Ya hemos visto que la salud es dicha. No puede haber salud si no se es feliz. Así que la salud no es más que el regreso al recuerdo del gozo de un alma perfecta y divina como la tuya, como son todas las almas.

Las almas (espíritu) existen en la percepción verdadera donde no existe el pecado, y por tanto, no es necesario ni el perdón, ni el castigo, ni la aprobación.

Si comienzas a escuchar solamente a tu alma… entonces no te tienes que enfermar, no tienes que castigarte para pedir perdón, ni para buscar aprobación. En la percepción verdadera la enfermedad se hace innecesaria.

UCEM dice que en la percepción falsa el cuerpo ve el mundo como un muro duro e infranqueable. Pero la percepción verdadera sabe que ese muro no es ni rígido ni inaccesible, sino un delicado velo traslúcido, muy fácil de descorrer. Ello quiere decir que la vida NO ES TAN DIFÍCIL como la percepción falsa la ve (y la crea.)

Pero ¿por qué la mayor parte de las veces se nos hace tan arduo descorrer ese frágil, traslucido y delicado velo? Precisamente porque existimos anclados en la creencia falsa de que somos indignos pecadores.

En un mundo creado por Dios NO PUEDE existir el pecado. El pecado sólo puede existir en un mundo donde los sentidos pueden crear la percepción falsa de culpa. Ese mundo no existe más que en tu mente.

Pero cuando la percepción verdadera arrasa con todo rastro de culpabilidad, entonces nada queda que pueda seguir manteniéndote sufriendo, enferm@ y separad@ de la Creación.

Mientras el pecado se vea como algo externo, nada puedes hacer más que cargar con el sentimiento de culpa. Sólo la percepción verdadera disuelve el mundo que antes se proyectaba afuera, y lo instala adonde realmente pertenece: dentro de ti.

Y cuando ya nada haya afuera, la culpa y el perdón se encontrarán dentro de tu mente, por primera vez uno frente al otro, listos para descorrer el velo… y disolverse en el amor que transpira el alma.

UCEM dice: “Ahí, por fin, la enfermedad y su único remedio se unen en un destello de luz curativa.”

Perdón y culpa, abrazados finalmente, se disuelven el uno dentro del otro, como amantes. El miedo se ha transformado. El amor se ha consumado.

Y convertido todo en néctar divino de amor, ahora sí es verdadero el conocimiento, inmutable, absoluto, puro y completamente comprensible. La percepción falsa ha desaparecido… pero también la verdadera, porque ya no hacen falta percepciones.

No hace falta tampoco el perdón porque no hay nada que perdonar. El pecado se ha disuelto, como se disolvieron los cuerpos, y el miedo y la culpa… que ya no tienen propósito ni causa. Sólo queda la dicha en el UNO. El espíritu toma de nuevo el reino.

Y ya no hay muerte… porque no hay mundo físico que tenga que morir.

UCEM dice: “¡Oh hermanos míos, si tan sólo supierais cuánta paz os envolverá y os mantendrá a salvo, puros y amados en la Mente de Dios, no haríais más que apresuraros a encontramos con Él en Su altar!”

 

 

 

 

 

 

 

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