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Genios y la Genialidad

El secreto del genio es llevar el espíritu del niño hasta la vejez, lo que significa nunca perder el entusiasmo. Aldous Huxley
1 Dic 2016

Inner Tech: Meditación. Cuando tu mente es un espejo

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Durante nuestras clases hemos pasado por los diferentes estados de conciencia a los que los seres humanos tienen acceso. Y hay diferentes meditaciones que pueden trabajar con cada uno de estos estados. Todos ellos son recomendados. Todos ellos tienen una conciencia muy profunda, así como el conocimiento y la verdad que transmiten.

Si quisiéramos reducir los estados de conciencia a los más importantes, entonces probablemente tomaríamos los dos estados más altos que se reconocen. Los encontramos tanto en Occidente como en Oriente. En el Este, se le conoce como Turiya, que significa simplemente “el cuarto”. El cuarto simplemente significa que hay tres estados antes de él, que son nuestra realidad inferior, menos real, pero todavía profundamente importante. Turiya, el cuarto estado, es esencialmente la conciencia siempre presente del testigo. Esto se toma como conciencia pura. Conciencia pura sin cualidades, sin rasgos, sin definiciones, porque es esencialmente amplitud infinita, apertura infinita, conciencia infinita.

A veces se la conoce como mente espejo, porque funciona como espejo de todo lo que surge. “La persona perfecta emplea la mente como un espejo: recibe, pero no se queda con nada, refleja , pero no guarda.” La idea es justamente esa. Es estar en un estado de conciencia donde simplemente permiten que las cosas surjan de momento en momento. No te identificas con ellas. No las condenas. No los juzgas. Simplemente permites que surjan momento a momento. Lo que estás haciendo, es en cada momento, estás tomando cualquier componente subjetivo que pudiera estar allí y lo estás convirtiendo en un objeto porque lo estás viendo.

Porque lo estás viendo, ya no ves a través de él. Dejas de distorsionar el mundo. Dejas de presentar el mundo a través de tu propia lente, a través de tu propia manera de ver algo, que es, de alguna manera, estrecha y limitada, e incluso prejuiciosa, porque tienes una visión particular de cómo se ven las cosas. Pero ahora, en vez de mirar el mundo a través de esa visión prejuiciosa, miras lo que ves. Como Robert Kegan dice, “La vista ya no te tiene, la tienes.” Lo que quiere decir que ya no eres esclavo de lo que crees ver, sino que ves lo que ves realmente. Eso es parte del desarrollo meditativo general lo que están ofreciendo tanto al Este como el Oeste.

Para lograr esto hemos realizado varias meditaciones y ejercicios durante estos meses. Ahora voy a dar una meditación muy breve, como un recordatorio del tipo de ejercicio que se trata. Tambien te voy a dar el texto de la meditación que quiero que escuches ahora, para que puedas leerlo, interiorizarlo y también escucharlo.

Texto de la meditación – Audio 1.

Esta es una versión del texto de la meditación 1 de esta lección. Digo una versión porque al leerla yo elimino o agrego cosas por inspiración, pero es una guía bastante cercana, para los que les guste leerla también, e incluso pueden, si lo desean, grabarla con su propia voz:

Ahora, por favor, simplemente entra en una posición cómoda y relajada, y mírate a ti mismo(a). ¿Donde estás localizada o localizado? ¿Puedes describirte en este momento? ¿En qué posición estas? ¿Qué estás haciendo? De qué color eres? ¿Cómo es tu pelo? ¿Qué estatura tienes? ¿Estás en una relación? ¿Tienes niños? ¿Qué trabajo haces? ¿Te gusta tal música? Conduces tal auto… descríbete en tu totalidad.

Mientras te describes, date cuenta que lo que estás describiendo es tu cuerpo, y tu mundo físico…

Aquí es donde queremos empezar. Cuando eres consciente de ti misma y te estás viendo… observa que hay realmente un segundo individuo… hay dos entidades implicadas en esto. Una es el “yo” que estás mirando, y ese es el yo que es un objeto. Ese es el yo que se puede ver. Pero a la misma ves hay otra entidad que es la que está viéndote… ¿Quién es ese yo que ve a tu cuerpo? ¿Dónde está ese yo que te está describiendo? ¿Tiene un color? ¿Tiene una forma?

Toma tu tiempo ahora para tratar de determinar donde está ese “yo” que te observa. Dondequiera que se encuentre, solo siéntelo, compruébalo. ¿No puedes ubicar dónde se encuentra? ¿Quizás sientes que está en todas partes?

Lo que estamos tratando de hacer aquí, es tratando de anclar tu ser en la conciencia última. Queremos que tu verdadero yo no se identifique con un ser falso, estrecho, parcial, finito, limitado, sino con un verdadero yo, eterno, sin espacio, infinito.

Lo que queremos es que te conectes a esa conciencia como la base misma de tu ser. Si va a ser identificado con algo, podría ser con Dios, con el espíritu. El yo que está mirándolo todo y no puede ser visto, ni descrito, ni ubicado, ese es tu verdadero yo. Es el yo observador, el Testigo. No se le puede ver porque no es un objeto, como tu cuerpo. A tu cuerpo lo puedes ver y describirlo, pero a tu Verdadero Yo, al Testigo, no se le puede ver. Es un Yo puro, a quien el Maestro Zen Shibayama llama subjetividad absoluta. Esa es una frase importante porque está conduciendo al hecho de que hay una subjetividad absoluta que está más allá del sujeto finito y del objeto finito.

Mientras descansas en esta subjetividad absoluta, entonces no verás ningún objeto o, si lo ves, sabrás que son simplemente objetos. Objetos que surgen momento a momento en tu mente… y tu pequeño yo finito, tu cuerpo físico puede ver quizás montañas, ríos, árboles, casas… o mesas o sofás, o lo que sea. Pero todo lo que ve tu pequeño yo finito son todos objetos. Objetos. Todo lo que ves son objetos. Ninguno es un sujeto real. Porque tu yo finito no puede ver a tu yo verdadero… puede sentirlo, pero no puede verlo.

Al descansar en este ser testigo, simplemente presencia todo lo que está surgiendo momento a momento, eso es lo que quieres hacer. Mientras reposas en ese ser testigo, si ves algo, es otro objeto. No es el sujeto real. No es tu yo real. Todo lo que notarás mientras descansas en este testigo, es una sensación de libertad, una sensación de no estar identificado con nada. No te interesan, ninguno de esos objetos, no te importan, solo surgen y se van.

Estás es la conciencia que dice: “Tengo sensaciones, pero no soy mis sensaciones, tengo sentimientos, pero no soy mis sentimientos, tengo pensamientos, pero no soy mis pensamientos, tengo un cuerpo, pero no soy ese cuerpo. Tengo una mente, pero no soy esa mente.” Todo lo que eres es esta libertad infinita y todos estos objetos surgen, pero no te interesan, no eres nada de eso… Eres este sentimiento infinito de ser testigo, ser una conciencia amplia que está en todas partes y es totalmente libre, ligera. Eres esta conciencia pura de la mente espejo que no se identifica con nada. Es una sensación de gran liberación, de inmensa libertad, de apertura y transparencia infinitas, y de no estar atado a nada, porque ese yo-testigo es tu verdadero yo.

Mientras descansas en ese sentimiento de yo-soy-dad, comprendes lo absolutamente central que es para tu propio ser fundamental que la yo-soy-dad simplemente refleje lo que está surgiendo momento a momento, sin identificarse con nada. Debido a eso, no se identifica con ningún objeto que pueda dañarte porque tu verdadero yo está absolutamente libre de todo eso. Esos objetos sólo vienen y van, pero el vidente puro, simplemente los atestigua sin ninguna identificación, sin apego, sin condenarlos, sin enjuiciarlos.

Y lo que descubres es que HASTA AHORA te habías identificado con un yo pequeño, a menudo llamado ego, que no es más que finito. Es un yo separado. Nació. Vivirá un tiempo, será victimizado y sometido a diversas formas de dolor, y luego morirá…

Esto es lo que Buda quiso decir cuando dijo que la Segunda Noble Verdad es que la vida típicamente vivida es sufrimiento. Sin embargo, la vida despertada al verdadero yo está libre de sufrimiento porque está libre de una identificación con cualquiera de esas partes rotas, fragmentadas y desgarradas.

Ese cambio de conciencia, ese asumir a tu yo verdadero es lo que te permitirá saber que nunca morirás, nunca enfermarás, nunca sufrirás, porque no te identificas con nada más que tu propia libertad, tu propia sensación de que lo ves todo y nada te ve a ti, porque eres el testigo… el espíritu que nadie puede ver.

En la meditación, podemos sentarnos y simplemente cuando tenemos un sentido del yo separado, cuando nos damos cuenta de ello, simplemente le prestamos nuestra atención, lo miras, lo ves, y te das cuenta que es un objeto, y por tanto ese no eres tú.

Éste es el primer paso: des-identificarte, terminar la identificación con el pequeño yo, la auto-contracción que sufrió hace mucho tu yo-soy-dad, ese sentimiento de separación… y entonces descansar en este inmenso campo infinito de amplitud y transparencia y claridad y apertura y vacío y libertad, que es tu verdadero SER.

Esa es la lección fundamental que tienes que aprender. Si aprendes esta lección, todo lo demás caerá por su propio peso, y desaparecerá. Esa es la lección que todas las tradiciones meditativas, quieren enseñarnos: que nacemos bajo un designio (o un caso) de identidad equivocada, pero podemos superar eso, si simplemente damos a ese pequeño yo que nació, nuestra atención, y lo convertimos en el simple objeto que es, y por así decirlo, lo ponemos en su lugar, recuperamos nuestro verdadero yo, y lo asumimos de una vez y para siempre.

 

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